Básicamente, sé lo que es intentar adelgazar haciendo dietas y fracasar – una y otra vez. Cuando padecía de obesidad mórbida intenté todo lo imaginable para adelgazar – incluyendo todas las dietas existentes (¿te suena?). Desde las dietas bajas en hidratos de carbono, las de contar calorías, a las dietas bajas en grasa y todas las que hay entre medias.
También me gasté una fortuna en cada cura holística habida y por haber, y cada tratamiento de medicina alternativa disponible. Pasé semanas en el Instituto Pritikin de California… e… incluso me postré a los pies del mundialmente famoso Dr. Atkins, en Nueva York–sólo para obtener resultados mediocres.
Lo mismo sucedía cada vez. Seguía la dieta al pie de la letra. Perdía peso rápidamente al principio y luego la pérdida de peso se ralentizaba.
¡Hasta que dejaba de adelgazar por completo!
Así que, sintiéndome desanimado y rechazado, llegaba un momento en el que ya estaba demasiado cansado de luchar más contra las ganas de comer, y me atiborraba. ¡Y el peso que había tardado meses en desaparecer volvía a la carga en unas pocas semanas!
Y también sé lo que es sentirse hambriento todo el tiempo. De hecho, hubo un tiempo en mi vida en el que estaba hambriento día y noche y me comía cada comida como si me estuviera muriendo de hambre. No sólo comía como si me estuviera muriendo de hambre, sino que sentía ansias por las comidas más grasas posibles, y a veces parecía que cuanto más comía, más hambre sentía.
Había días en los que daba igual cuánto comía, aún me quedaba con hambre y no había cantidad de comida suficiente para satisfacer mi insaciable apetito. La mayoría de la gente (incluyendo casi todos los médicos) no pueden imaginar lo que es vivir con un cuerpo que está obligándote a engordar. Es una pesadilla viviente, una pesadilla con la que, desgraciadamente, tú puedes sentirte familiar.
Tampoco importaba cuánto peso ganaba. El hecho de tener un enorme exceso de reservas energéticas en mi cuerpo no hacía que mi hambre disminuyera en absoluto. De hecho, cuanto más gordo me ponía, más hambre tenía y más comía. Durante años seguí engordando y engordando, a pesar de intentar todas las dietas que pude para adelgazar. Y no puedes imaginar cuánto sufrí (o a lo mejor sí puedes).
Pero entonces, un día, mi vida cambió. Aquel fue el día…
¡En Que Escapé a La Muerte!
Fue un día que está grabado en todas nuestras memorias – 11 de Septiembre del 2001. Estaba preparándome para reservar mi vuelo usual, sin escalas, desde el aeropuerto de Newark hasta San Francisco, para atender el que iba a ser, con toda certeza, una de las reuniones de negocios más importantes de mi vida. El vuelo era el 93, de United Airlines – (sí, el mismo en que los pasajeros forzaron a los terroristas a que se estrellara en un campo de Pensilvania).
Pero por la gracia de un Poder Mayor (por lo menos eso es lo que me gustaría creer), mi socio quería ahorrarnos US$150 y me reservó un vuelo más barato que salía por la tarde.
Si hubiera cogido el vuelo de siempre, el 93 de United Airlines, yo habría sido historia, mi vida se habría acabado.
Aquella experiencia (junto con otras igualmente impactantes que me ocurrieron durante las semanas siguientes al 11-s) me forzaron a desarrollar un deseo incontrolable de hacer que mis sueños se convirtieran en realidad. Y el primero de la lista era adelgazar y volver a estar en forma.
Aprovechando mi experiencia como investigador bioquímico en la Universidad de Pensilvania con el internacionalmente famoso bioquímico Dr. Jose Rabinowitz, emprendí una búsqueda de respuestas prácticas, reales y tangibles que impactaría mi vida.
Pasé horas cada día aprendiendo todo lo posible sobre bioquímica, nutrición, neurobiología y psicología. También estudié el campo de la investigación de la consciencia, la meditación, la hipnosis, la programación neurolingüística, la psicolingüística, la tecnología del pensamiento, el Tai Chi y el Chi Kung.
Incluso estudié física cuántica.
Me convertí en un hombre con una misión. Había escapado a la muerte y encontrado una nueva apreciación por la vida. Nada me iba a impedir alcanzar mi sueño.
¿Y sabes qué? Descubrí algo increíble. Fue un descubrimiento muy importante. Descubrí que nuestros cuerpos tienen un INTERRUPTOR FAT. Forma parte de nuestra programación genética, que hemos heredado de nuestros ancestros. Y cuando este interruptor fat está activado, no hay prácticamente nada que podamos hacer para adelgazar y mantenernos delgados, por lo menos a largo plazo.
Pero si puedes apagar este interruptor fat, entonces tu cuerpo QUIERE estar delgado y adelgazar se convierte en algo sencillo y casi automático. Simplemente dejas de querer comer tanto, tu metabolismo se acelera y tu cuerpo se vuelve muy eficiente quemando grasa. Tu cuerpo empieza a colaborar contigo en tus esfuerzos de adelgazar y te conviertes en una máquina de quemar grasa.
Así que lo que hice fue desarrollar un método para adelgazar enfocado únicamente en apagar el interruptor fat. Y así es como yo adelgacé y como toda la gente que está siguiendo El Método Gabriel también está adelgazando.
Las dietas no funcionan porque activan el interruptor fat. Así que, aunque puedes adelgazar a corto plazo, hacen que tu cuerpo quiera GANAR peso. Y tú te vuelves más hambriento y tienes ganas de comer comidas grasas, tu metabolismo se ralentiza y tu cuerpo pierde la habilidad de quemar grasa eficientemente.
Al principio no adelgacé rápidamente. Adelgacé despacio. Unos 20 kilos en los primeros 6 meses – no mucho para alguien que pesaba más de 180 kilos.
Pero, entonces, algo increíble empezó a ocurrir. En lugar de adelgazar más despacio, empecé a adelgazar más rápidamente…y…